Uno de los flagelos de la masculinidad
envejecida, es la permanente necesidad de un baño o un árbol a mano; un
porcentaje alto de los varones, sufre de problemas de próstata, que aunque en
la mayoría de casos se trata de enfermedades de carácter benigno, pudieran
evolucionar en peligrosas afecciones de no ser atendidas.
Lo que era un trámite que en la juventud
y primera edad adulta se solventaba en segundos, termina siendo una peripecia
desagradable y con demasiadas puestas en escena diarias.
Por más que el deseo de evacuar la vejiga
sea imperativo, uno se ve obligado a invocar el comienzo del alivio pasajero y asistir
paciente, al premioso y lánguido fluir de la orina.
Uno ya no hace pis, sino que lo destila
con la parsimonia de un alambique doliente.
Una Geisha que conocí, me recomendó la
ingesta de arándanos rojos desecados para aliviar estas molestias y prevenir
infecciones; desde entonces el Canadá ha mejorado mucho su balanza exterior y yo
he experimentado una cierta mejora en el flujo, mas lejano aún del Niágara por
el que suspiro.
Uno de los problemas más molestos, de
estos desarreglos, es: la nicturia, como se llama a la repetida excreción
nocturna de orines.
Interrumpir varias veces el sueño para
vaciar parcialmente la vejiga, proporciona un descanso de mala calidad y los
consiguientes efectos adversos a lo largo del día.
Como el cuarto de baño está al final de
un largo pasillo, en cuyo trayecto me desvelaría del todo, he recurrido una
técnica (ya en desuso) de disponer de un sucedáneo de orinal con el
aprovechamiento de una botella de seis litros de agua mineral en desuso de boca
ancha (publicidad subliminal); he llegado a dominar con tanta maestría esta
estrategia, que podría decirse que apenas soy consciente de estos desahogos, al
tiempo que colaboro con el reciclaje de plásticos.
Esta estrategia, a medio camino entre lo
práctico y la cochinada, me permite evitar la irritación que conlleva la falta
de un descanso nocturno adecuado durante la vigilia.
A sabiendas de que estos procesos de
degradación física, van necesariamente a más, he pedido esta mañana a un robot,
que me diera cita con mi médico de cabecera; enterarme del abanico de nuevos
procedimientos para mejorar este aspecto de la salud menguante o si, como consuelo,
debo aumentar mi cartera de acciones de las hortofrutícolas canadienses.
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