lunes, 8 de febrero de 2021

Técnicas orínicas nocturnas

Uno de los flagelos de la masculinidad envejecida, es la permanente necesidad de un baño o un árbol a mano; un porcentaje alto de los varones, sufre de problemas de próstata, que aunque en la mayoría de casos se trata de enfermedades de carácter benigno, pudieran evolucionar en peligrosas afecciones de no ser atendidas.

La Hiperplasia benigna de próstata, es probablemente la más recurrente de estas complicaciones urinarias; el crecimiento de volumen  de la glándula prostática, termina comprimiendo la uretra y dificultando la micción normal, haciéndola complicada y dolorosa.

Lo que era un trámite que en la juventud y primera edad adulta se solventaba en segundos, termina siendo una peripecia desagradable y con demasiadas puestas en escena diarias.

Por más que el deseo de evacuar la vejiga sea imperativo, uno se ve obligado a invocar el comienzo del alivio pasajero y asistir paciente, al premioso y lánguido fluir de la orina.

Uno ya no hace pis, sino que lo destila con la parsimonia de un alambique doliente.

Una Geisha que conocí, me recomendó la ingesta de arándanos rojos desecados para aliviar estas molestias y prevenir infecciones; desde entonces el Canadá ha mejorado mucho su balanza exterior y yo he experimentado una cierta mejora en el flujo, mas lejano aún del Niágara por el que suspiro.

 

Uno de los problemas más molestos, de estos desarreglos, es: la nicturia, como se llama a la repetida excreción nocturna de orines.

Interrumpir varias veces el sueño para vaciar parcialmente la vejiga, proporciona un descanso de mala calidad y los consiguientes efectos adversos a lo largo del día.

Como el cuarto de baño está al final de un largo pasillo, en cuyo trayecto me desvelaría del todo, he recurrido una técnica (ya en desuso) de disponer de un sucedáneo de orinal con el aprovechamiento de una botella de seis litros de agua mineral en desuso de boca ancha (publicidad subliminal); he llegado a dominar con tanta maestría esta estrategia, que podría decirse que apenas soy consciente de estos desahogos, al tiempo que colaboro con el reciclaje de plásticos.

Esta estrategia, a medio camino entre lo práctico y la cochinada, me permite evitar la irritación que conlleva la falta de un descanso nocturno adecuado durante la vigilia.

A sabiendas de que estos procesos de degradación física, van necesariamente a más, he pedido esta mañana a un robot, que me diera cita con mi médico de cabecera; enterarme del abanico de nuevos procedimientos para mejorar este aspecto de la salud menguante o si, como consuelo, debo aumentar mi cartera de acciones de las hortofrutícolas canadienses.


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