Desde mediados de los años cuarenta y hasta
la década de los sesenta del siglo pasado, se publicó en Argentina una viñeta
titulada: El otro yo del Doctor Merengue.
A diferencia de las de Nostradamus, eran
profecías de corto alcance del dibujante porteño Guillermo Divito publicadas en
la revista: Rico Tipo; y si menciono el carácter profético del personaje, es
porque parecía estar destinado a hacer la semblanza, menos de un siglo después,
de la “rajada” monumental del presidente merengue y su incontinencia soez.
Hombre circunspecto por antonomasia (ante
los micrófonos visibles), se ha revelado como un Jesús Gil cualquiera al amparo
de una confiada privacidad.
El adalid de la elegancia y las formas
corporativas queda, tras la jugarreta de uno de sus interlocutores, como un
patán tabernario y maledicente, como lo somos casi todos a la hora de
desembridar la malicia procaz en confianza.
Poco se ha dejado en el tintero el hombre
de pro al definir y catalogar a quienes honraba en público. De perrito faldero
a “hdp”, no se privó el preclaro exponente del señorío madridista, de poner a
parir a muchos y relevantes personajes del deporte y del periodismo.
Ejemplo de elegante mesura, el empresario
cultivó durante muchos años, una imagen institucional del club que preside y su
amplio abanico de empresas.
El Dr. Merengue era en aquellas tiras
cómicas, un dignatario abogado, refinado y atildado, que en público mostraba lo
mejor de su impecable figura, y su lado oscuro actuaba como un ectoplasma
ordinario y desaprensivo que se manifestaba para contradecir sus gestos y
palabras de cara a la galería.
Muchos de los adeptos y clientes del Sr.
Florentino Pérez, han terciado en la polémica intentando opacar el desbarre con
una supuesta ilicitud como fuente de las grabaciones y la intención de daño a
su efigie, por parte de adversarios deportivos y/o empresariales.
Cuando admites que maniobras para favorecer
tus intereses en medios periodísticos con artes de dudosa limpieza y
manipulaciones “cosanostreras”, no puedes clamar por la beatitud y candor de
tus oponentes a la primera ocasión de saldar cuentas.
Casi todos tenemos malicia y discursos
apropiados según el auditorio; pero al no ser personajes públicos, la
relevancia de nuestros desafueros, no excede del ámbito de nuestra esfera de
conocidos y amiguetes.
Estos audios desafortunados, me han
recordado a otros de dirigentes políticos y empresarios beneficiarios de sus
prebendas, en los que en un lenguaje chulesco y barriobajero, demolían sus
intervenciones oficiales con una bochornosa sarta de vulgaridades que les
perseguirían por siempre.
Así, cuando en una multitudinaria rueda de
prensa para presentar a un nuevo jugador, el presidente del Real Madrid Club de
Fútbol, con su beatífica cara de admiración y su tono monocorde lo defina como:
“Este
prodigio de la naturaleza, que nació para jugar en el Madrid, representará en
las próximas temporadas, el prestigio de nuestra legendaria institución”,
nuestra vena “doctormerenguiana” traducirá:
“Este tarado hijo de puta, medrará de la
nombradía de nuestro club mientras dure su contrato (si no se me pelaran a mí
los cables antes).
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