lunes, 19 de julio de 2021

Discurso urbi et orbi y merengadas

 

 

 

Desde mediados de los años cuarenta y hasta la década de los sesenta del siglo pasado, se publicó en Argentina una viñeta titulada: El otro yo del Doctor Merengue.

A diferencia de las de Nostradamus, eran profecías de corto alcance del dibujante porteño Guillermo Divito publicadas en la revista: Rico Tipo; y si menciono el carácter profético del personaje, es porque parecía estar destinado a hacer la semblanza, menos de un siglo después, de la “rajada” monumental del presidente merengue y su incontinencia soez.

Hombre circunspecto por antonomasia (ante los micrófonos visibles), se ha revelado como un Jesús Gil cualquiera al amparo de una confiada privacidad.

El adalid de la elegancia y las formas corporativas queda, tras la jugarreta de uno de sus interlocutores, como un patán tabernario y maledicente, como lo somos casi todos a la hora de desembridar la malicia procaz en confianza.

Poco se ha dejado en el tintero el hombre de pro al definir y catalogar a quienes honraba en público. De perrito faldero a “hdp”, no se privó el preclaro exponente del señorío madridista, de poner a parir a muchos y relevantes personajes del deporte y del periodismo.

Ejemplo de elegante mesura, el empresario cultivó durante muchos años, una imagen institucional del club que preside y su amplio abanico de empresas.

 

El Dr. Merengue era en aquellas tiras cómicas, un dignatario abogado, refinado y atildado, que en público mostraba lo mejor de su impecable figura, y su lado oscuro actuaba como un ectoplasma ordinario y desaprensivo que se manifestaba para contradecir sus gestos y palabras de cara a la galería.

Muchos de los adeptos y clientes del Sr. Florentino Pérez, han terciado en la polémica intentando opacar el desbarre con una supuesta ilicitud como fuente de las grabaciones y la intención de daño a su efigie, por parte de adversarios deportivos y/o empresariales.

Cuando admites que maniobras para favorecer tus intereses en medios periodísticos con artes de dudosa limpieza y manipulaciones “cosanostreras”, no puedes clamar por la beatitud y candor de tus oponentes a la primera ocasión de saldar cuentas.

Casi todos tenemos malicia y discursos apropiados según el auditorio; pero al no ser personajes públicos, la relevancia de nuestros desafueros, no excede del ámbito de nuestra esfera de conocidos y amiguetes.

Estos audios desafortunados, me han recordado a otros de dirigentes políticos y empresarios beneficiarios de sus prebendas, en los que en un lenguaje chulesco y barriobajero, demolían sus intervenciones oficiales con una bochornosa sarta de vulgaridades que les perseguirían por siempre.

Así, cuando en una multitudinaria rueda de prensa para presentar a un nuevo jugador, el presidente del Real Madrid Club de Fútbol, con su beatífica cara de admiración y su tono monocorde lo defina como:

 “Este prodigio de la naturaleza, que nació para jugar en el Madrid, representará en las próximas temporadas, el prestigio de nuestra legendaria institución”, nuestra vena “doctormerenguiana” traducirá:

“Este tarado hijo de puta, medrará de la nombradía de nuestro club mientras dure su contrato (si no se me pelaran a mí los cables antes).

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