Es una suerte tener la mejor sanidad del
mundo; lo que al parecer es mejorable, son los robots que, convenientemente
interpuestos entre médicos y pacientes, nos torean sin otra posibilidad que
recurrir al maestro armero.
La robota que me atendió hace unos días,
con una dicción casi humana, me lo dijo bien clarito:
Miércoles 9 de
febrero a las 11,40h, tiene cita con el doctor X; le recordamos que no debe Ud.
acercarse al ambulatorio antes que el señor X se ponga en contacto telefónico
con Ud.
El rebote que vengo sufriendo desde
entonces (han pasado tres días sin que Felipe me haya llamado), lo añado pues a
la lista de problemas de salud por el que decidí importunar al galeno; ¡que yo
sé que el Covid 19 es una prioridad!, pero me pregunto si no es mal asunto que
la gente contumaz que sigue insistiendo con los males de siempre, no tenga
siquiera la ocasión de preguntarle a un enfermero o una telefonista si seguir
comiendo arándanos es bueno (además de para los canadienses) o es mejor un
Sepukku o fumar en la terraza de un bar para conseguir atención médica y dejar
de sufrir al menos por una cosa.
También Hacienda le cogió el gusto a las
barreras robóticas e impide que uno vaya con sus nimiedades sin pedir una cita
a la que no responderán; llevo dos.
Es una suerte que el principal de mis males
me impida alejarme de baños, setos y botellas de Mercadona; de esta forma, no
necesito el abono de transportes que lleva vencido un tiempo y requiere más
documentación para la renovación que la imposición de divisas en un paraíso
fiscal.
Todos los sitios a los que debería acudir
para cumplir este trámite, no me dicen siquiera: “Venga Usted mañana”, no, me
hacen pedir una cita aleatoria que no se me permite discutir acerca de si a esa
hora, puedo acercarme con mi bidón o enviar un emisario de buena voluntad y
salud; y si digo aleatoria es porque supongo que puede ser el día menos pensado
o un tiempo después.
Supongo que si uno llama al insigne maestro
armero o al defensor del pueblo, una robota de pega, tapándose la nariz, dirá:
“todos nuestros agentes están ocupados en este momento” y a la “o” le sigue un
bostezo.
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