Mi tiempo
se deshace bajo mis pies; casi todos los que han dejado huella en mí, van
haciendo mutis por el foro.
Me ha
abandonado asimismo esa energía extra que cada tanto me invade y me permite
hacer una evaluación coherente de este posible Getsemaní diario en que se ha
convertido mi azarosa supervivencia.
Debo
luchar contra la dispersión y el escaqueo que siempre me lleva allí donde es
posible perder el tiempo sin beneficio aparente; ese darle largas al testimonio
vital que nadie espera, y es por tanto, un pasatiempo más. No, no hablo del manido terror a la hoja en
blanco; ahora que me ha salido la “hoja roja” en el librillo del: “fumando
espero”, la hoja en blanco, soy yo.
Lidiar
con la posibilidad de entrar en la recta final sin estorbar mucho; sin hacer el
ridículo y no dejar demasiados cabos sueltos, es una responsabilidad para la
que nunca entrené seriamente, y por tanto me hallo en la tesitura de
convertirme en un ejecutivo cuya única trayectoria previa, fue la de meritorio
existencial.
Es como
si urgiera dejar un legado espiritual ante la imposibilidad de cualquier otro.
¿Acaso una vocación tardía de trascendencia?; ¿un berrinche de ignoto aprensivo
o la traca final de un anonimato ganado a pulso?
¡Tanto
da!, he tenido una vida para hacerlo y apenas he dejado algunos trazos. No
esperéis: El libro del desasosiego ni La Odisea.
"Uno
no tiene porqué comprometerse a más de lo que puede hacer.
Saber
rendirse cuando es infructuoso luchar. Reconocer una derrota.
.. ..
...... .. .....
Concederse
el perdón, porque nadie más nos lo concede (o nadie se molesta en
hacerlo)"
De: Cuaderno de trabajo, de Ingmar Bergman

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