domingo, 11 de octubre de 2020

Intervalo en azul

 


 ¡Me voy a Italia!, necesito una pausa, un intervalo azul para romper con la monotonía.

Vivo con unos cuantos gandules y la semana pasada me tocó a mí encargarme de la limpieza; estoy muy quemado con los pelos en la ducha y la falta de puntería en el trono; bajar la basura dos veces por día y andar de chacha detrás de los niños.

Soy el único que genera peladuras de patatas, zanahorias y pepinos; reciclamos, y el cubo de orgánicos dura un par de días, pero el de plásticos, bricks, latas, tapers del chino y muñecas hinchables semidesinfladas llenas de mordiscos en el gañote (algunas con parches por consciencia anticonsumista o tendencia al ahorro) me tienen en un sinvivir. Entre las botellas de vino, las de ginebra y las latas de cerveza que recojo en una semana, se podría, convenientemente recicladas, erigir un rascacielos.

 

No puedo estar sin el cielo azul de España; vengo de un lugar en que la pureza del cielo es un fenómeno extraño y efímero tras una tormenta o en un inusual y glorioso día de verano.

Por eso Italia es mi refugio, porque compartimos, los italianos y nosotros una límpida y brillante bóveda; ¿y porqué no decirlo?, porque estoy aprendiendo italiano con DUOLINGO, ¡Y qué mejor escenario para practicarlo!

 

Tuve un abuelo italiano y crecí además en un barrio en  que la inmigración transalpina tenía una colonia importante; es como si siempre hubiera sido un italiano inacabado. Conocí desde pequeño palabras, frases e insultos que se fueron instalando en mi lenguaje de barrio en esta hermosa lengua, tan latina como la nuestra, como el Portugués, el Gallego, Catalán o Provenzal. 

Podemos entendernos entre nosotros con alguna dificultad hablando en nuestros idiomas vernáculos, y a poco que hagamos un esfuerzo, dejar asimismo de recelarnos.

Pienso convertirme pues en un ex italiano en activo, porque aunque cometa errores, haré honor al “ius  sanguinis” que regía en Europa y se antepone al “ius soli” que me diera la nacionalidad administrativa.

Ahora con la nueva tecnología, he podido seguir un curso con mi teléfono, rellenar los huecos de léxico y afianzar los tiempos verbales.

Hace muchos años que no me expongo al pequeño ridículo de chapurrear una lengua extranjera para aprenderla entre los nativos; mi decisión me rejuvenece, al tiempo que me da material de primera para nuevas fantasías. Ci vediamo presto!

3 comentarios:

Calle ahora o hable para siempre

Fin del recorrido

    Suelo hacer durar mis espacios un año y medio, luego lo cierro; y si me naciera la necesidad de seguir haciéndome exterior, abriría ot...