Somos, los unos para los
otros, enemigos cordiales en tiempos de paz; pero es tan inestable esa tregua,
que los conflictos fronterizos de los “yoes”, surgen ante desacuerdos nimios.
Somos una especie que juzga y condena con los únicos tratados a los que tenemos
acceso, alojados en el cieno de nuestros fueros íntimos (de un valor más que dudoso a la
hora de los veredictos).
Ocultamos nuestra certeza de
ser el centro del mundo y alegamos hipotéticas consideraciones mientras el
clima general, dé para ellas.
Nuestro “humanismo” se resiente ante el menor
contratiempo; y nuestros “hermanos”, se vuelven obstáculos y dianas a la
primera de cambios.
Seguros de la verdad, la
nuestra, vivimos como malabaristas de razones y principios, de enconos y
fidelidades, una vez hemos optado por uno de los bandos que se despellejan.
Aprendices poco avezados,
tenemos opinión sobre todo, desde la puericultura al cosmos, alentados por
flautas que oímos no se sabe bien donde.
Odiamos con un entusiasmo
rayano en la alegría a quienes se exponen a nuestros prejuicios; a quienes
asoman la cabeza para airear sus percepciones de la realidad, y adolecen del
sello de aduanas de nuestros dogmas personales o tribales. Quizás apenas por
haber sido víctimas de los suyos, y queremos devolverles la gentileza cuanto
antes, sin evaluar, si tenían al hacerlo, razón, o no.
Ahora que el miedo toca a
nuestra puerta, acumulamos papel higiénico y leña para los herejes; tiempo
habrá para ser solidarios, sensatos y altruistas.

Me ha dado gusto pasar por tu blog. Muchas gracias por compartir.
ResponderEliminarHe leído y tomé algunos textos. Me detengo aquí porque es una excelente reflexión, un final contundente.
Mis mejores deseos para ti y tu gente
Analía