sábado, 27 de febrero de 2021

Ligue crepuscular

 

 

Hoy volví a encontrarme por casualidad, con la mujer sorda que me protegió de AUVASA, picando por mí  un viaje con su abono cuando mi pérfido bonobús, no albergaba los 2,35€ que me había dicho una estanquera que me quedaban en la tarjeta un día antes y montó un escándalo de pitidos y miraditas furtivas.

La vi en la Plaza Zorrilla mientras hacía tiempo para esperar por una cita, tras haber tomado demasiadas precauciones horarias y confiando poco en mi agilidad y ritmo al andar.

Ella también me había visto y llevaba un cigarrillo entero entre los dedos de la mano derecha.

La verdad es que por lo que yo recordaba, no encajaba con el perfil de un fumador.

Me acerqué con un quinto de sonrisa, esperando ver que se multiplicara su octavo y soltar el resto que podía, calculando su efecto, utilizar como una de las pocas armas de seducción que me van quedando.

Le hice el gesto aprendido en Internet de: ¡Me alegra verte!, que consiste en hacer girar la palma de la mano sobre el pecho (propio, para evitar malas interpretaciones); y su sonreír, fracción cautelosa hasta entonces, anduvo rozando el 1 absoluto. Yo también aumenté la superficie de dientes, queriendo creer que soltarían un destello como en ese efecto de vídeo tan usado.

—Supongo que no tendrás fuego—, me dijo a modo de saludo.

—Sí, claro que tengo—, le dije levantando la mascarilla y dejar a descubierto mis labios.

—No imaginaba que fumaras—, me respondió—,1 a 1, pensé.

—No, le dije—,  volviendo a levantar la mascarilla, ya que mi repertorio de gestos del lenguaje de los sordos es poco más que tres convenciones que encajaban poco en la conversación:

— Es que soy pirómano—, y volví el barbijo a su posición oficial.

Su risa sonó espontánea y prometedora. Hacer reír a una mujer abre puertas insospechadas. Le di fuego y vi su boca por primera vez. No me tembló el pulso ni un poquito; también es verdad que privé de riego sanguíneo a todos los órganos y me concentré para parecer un tipo sin Alzheimer.

Mientras yo pensaba cómo hacer para pedirle su mail (sé que es habitual pedir el teléfono, pero a mí me parece un poco atropellado hacer esas cosas cuando no mides 1,90Mts, eres atlético, joven y vistes bien), ella me dijo con toda naturalidad:

—Ahora tengo que dejarte, pero me gustaría volver a verte—.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Calle ahora o hable para siempre

Fin del recorrido

    Suelo hacer durar mis espacios un año y medio, luego lo cierro; y si me naciera la necesidad de seguir haciéndome exterior, abriría ot...