Hoy volví a
encontrarme por casualidad, con la mujer sorda que me protegió de AUVASA,
picando por mí un viaje con su abono
cuando mi pérfido bonobús, no albergaba los 2,35€ que me había dicho una
estanquera que me quedaban en la tarjeta un día antes y montó un escándalo de
pitidos y miraditas furtivas.
La vi en
Ella también me
había visto y llevaba un cigarrillo entero entre los dedos de la mano derecha.
La verdad es que
por lo que yo recordaba, no encajaba con el perfil de un fumador.
Me acerqué con un
quinto de sonrisa, esperando ver que se multiplicara su octavo y soltar el
resto que podía, calculando su efecto, utilizar como una de las pocas armas de
seducción que me van quedando.
Le hice el gesto
aprendido en Internet de: ¡Me alegra verte!, que consiste en hacer girar la
palma de la mano sobre el pecho (propio, para evitar malas interpretaciones); y
su sonreír, fracción cautelosa hasta entonces, anduvo rozando el 1 absoluto. Yo
también aumenté la superficie de dientes, queriendo creer que soltarían un
destello como en ese efecto de vídeo tan usado.
—Supongo que no
tendrás fuego—, me dijo a modo de saludo.
—Sí, claro que
tengo—, le dije levantando la mascarilla y dejar a descubierto mis labios.
—No imaginaba que
fumaras—, me respondió—,
—No, le dije—, volviendo a levantar la mascarilla, ya que mi
repertorio de gestos del lenguaje de los sordos es poco más que tres
convenciones que encajaban poco en la conversación:
— Es que soy
pirómano—, y volví el barbijo a su posición oficial.
Su risa sonó
espontánea y prometedora. Hacer reír a una mujer abre puertas insospechadas. Le
di fuego y vi su boca por primera vez. No me tembló el pulso ni un poquito;
también es verdad que privé de riego sanguíneo a todos los órganos y me
concentré para parecer un tipo sin Alzheimer.
Mientras yo pensaba
cómo hacer para pedirle su mail (sé que es habitual pedir el teléfono, pero a
mí me parece un poco atropellado hacer esas cosas cuando no mides 1,90Mts, eres atlético, joven y vistes bien), ella me dijo con toda
naturalidad:
—Ahora tengo que
dejarte, pero me gustaría volver a verte—.
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