Toda maldición trae aparejada una bendición; y si esta afirmación pudiera parecer gratuita, deberemos considerar que, cualquier perjuicio o pérdida, es una oportunidad o ventaja para los ajenos al damnificado.
Si alguien sufriera una merma o la extinción de su fortuna en este día supuestamente aciago, es de prever que otro, verá incrementado su beneficio si nos atenemos a la norma de que nada se pierde, todo se transforma.
Un bien que
se pierde pasa a manos de otro; y si la causa del infortunio o debacle
económica fueran las fuerzas de
El origen
de la superstición relacionada con esta fecha, tiene base en la cultura
grecolatina, y hace referencia tanto al dios Marte, a quien se liga con la
sangre, la destrucción y la violencia, como al número de los comensales de La
Última cena; asimismo, una leyenda fija en esta fecha la confusión de las
lenguas en
Como
podemos ver, el origen de esta superchería, no está basado precisamente en
argumentos fiables o empíricos, y así, hay quien (quizás por llevar la
contraria), lo considera un día de buen augurio y apuesta a este número en los
juegos de azar.
Vestigios
de un mundo inculto en que las cábalas pretendían explicar los reveses de la
desgracia o la fisiología, y conjurarlos con acciones alegóricas, las
supersticiones han sobrevivido a la ilustración y al raciocinio como el
paganismo ha sobrevivido a las religiones.
El hombre
primitivo, vulnerable a las descomunales fuerzas de la meteorología, a las
bestias y los desastres naturales, buscaba apoyo en lo mágico para dotarse de
medios protectores en su debilidad. Fue así creando dioses específicos que
atendieran y mediaran en cada uno de sus terrores.
Incapaces
de una abstracción que ungiera a un dios único del poder suficiente para la
protección de la primera especie que accedía a los símbolos, los hombres fueron
politeístas por milenios, hasta que la elaboración de un pensamiento más
sofisticado, les indujo a la creencia de un Hacedor único del que dependían
vidas, haciendas y destino, y con el que podían hacerse transacciones vía
espiritualidad, tal como los herejes lo hacían a través de sacrificios a sus
ídolos para aspirar a su benevolencia.
Es tal la
fuerza de aquellas ideas primigenias, que las religiones que propician la
existencia de un ser supremo absoluto debieron convivir con los residuos del fetichismo
arcaico, y alguna de ellas, como
San
Pancracio: los pobres, y la fortuna en juegos de azar; (ofrenda: perejil)
San
Antonio: En Madrid, facilita la consecución de pareja sentimental a quienes
visitan al santo en su día.
San
Pantaleón: Salud.
Otras
iglesias, incluyeron en su culto, prácticas animistas al considerar que: si no
puedes vencer a tu enemigo, únete a él o asimílalo tolerando unas variantes que
impedirá la fuga de fieles.
Hoy es
martes 13, y si algún fanático o intolerante religioso leyera esta entrada (a
veces es una suerte ser ignorado), sería para mí un mal día y me pondrían a
parir.
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