Con
origen en el teatro griego clásico, y adoptada luego por el mundo latino, esta
expresión, que significa: “dios a través de la máquina”, describía la situación
en que, con la asistencia de grúa y aparejos, se hacía descender sobre la escena,
a un actor o elemento representativo de los dioses, cuando una situación
parecía insoluble para el protagonista.
Como
ejemplo, en Medea, de Eurípides, Helios salva la vida de Medea enviándole para
que escape de una muerte segura, el carro
del sol.
Este
recurso ha llegado hasta nuestros días en forma de solución milagrosa de una
trama cuando todo parece estar perdido;
el cine está infestado de estas soluciones de último momento por agentes
externos a la coherencia de la historia.
En la
vida real, en la tragedia humana, no pueden descartarse sin embargo estas
carambolas bienhechoras; estos prodigios oportunos, capaces de salvar la peor de las papeletas.
Si bien
es cierto que cualquier situación susceptible de empeorar, lo hará en una mala
racha, también es verdad que, a veces, el destino obra maravillas allí donde
pintan bastos, convirtiendo lo que parecía un “marrón” inevitable, en una
anécdota festiva.
Todos
tenemos en mente un: Deus ex machina particular
(que suena: “deus eks máquina” para los castellano-parlantes); a todos nos ha
pasado que un portento inusitado nos librara de una situación grave o
embarazosa, sugiriéndonos la piedad protectora e algún dios al que le caemos
bien o que cumple con su negociado sin hacer distingos entre afortunados y desafortunados.
Dioses y
diosas se me han aparecido en el momento oportuno o han desaparecido en el
momento más inoportuno, porque una larga historia, presentará por lógica
alternativas diversas.
Siempre
creí que hasta las divinidades soportan grados; y pudiéramos haber sido
deidades, salvadores para alguno, sin ser conscientes de ello.
No creo
que sea presuntuoso en este caso, aspirar a ser una divinidad alguna vez para
quien sea, aún, más débil que nosotros.
El
escenario es muy grande y milenario, y el papel de cada uno es, en general,
modesto; ¡qué mayor satisfacción pues, que un momento de gloria olímpica!

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