Es una
buena señal que quieras aprender a escribir, eso revela que has leído a alguien
que te ha impresionado y pretendes emular sus dotes.
Nadie
puede enseñarte a escribir; el mejor de los consejos, que pudieran darte, es
que leas.
Si no
conoces los símbolos; si no has intuido las artimañas de los creadores, las
formas de hacer aflorar lo que llevas dentro, no podrás hacerlo.
Puedes
por supuesto ir por libre e inventarte un lenguaje, pero no cuentes con que haya
multitudes intentando descifrar un jeroglífico del que no tienen las claves.
Tienes derecho a ser todo lo personal que quieras, si estás dispuesto al
ostracismo o la burla. Hay que ceder, en parte, si quisieras comunicar, porque
nadie más que tú, habla tu idioma particular, tu germanía; mas no esperes que
tus influencias autistas, sean universales.
Ya no
está: Jean François Champollion, para interesarse por tus garabatos; la peña
está muy ocupada para interesarse por tu petulante intención de tener voz
propia. Decide.
Tu Piedra
de Rosetta, pudiera quedar como una rareza; como un Manuscrito Voynich, que
bien pudiera ser un divertimento, un camelo florido con ansias de incógnita.
Escribir
es un deleite que nutre y clarifica; un descubrirte mientras buscas que te
descubran aunque no digas ni una verdad.
La verdad
no existe sin secuaces que se la crean; es una luz que titilará según se aleje,
antes de apagarse del todo.
“Tiene
más tontería que libro viejo”, decía mi madre, y baste leer cualquier códice o
las actas del Tribunal del Santo Oficio, lo que pone en entredicho aquel
aforismo que dice que no es que los libros viejos sean buenos, sino que sólo
los libros buenos, llegan a viejos.
La razón
es cambiante y tiene fecha de caducidad, por propia dinámica.
Dirígete
a tu corazón, porque no hay un discurso que a todos satisfaga; y sé siempre
consciente de estar tomando partido por una línea de pensamiento, ofendiendo al
resto, a sabiendas, o sin pretenderlo.
No buscar
la gloria, a veces, es la única forma de alcanzarla. Para unos, serás un
visionario, para otros, un lorito que refríe; ten en cuenta que los grados de
percepción e inteligencia, son asombrosamente distintos, y será siempre así,
parcial, el reconocimiento.
Hay
mentes de una lucidez inalcanzable, y espíritus que no tienen parangón en su
capacidad de trabajo y elucubración; si lo aceptas de antemano, disfrutarás de
tu obra, sea la que fuere. Si no lo hicieres, estarás condenado a la
frustración y el silencio.
Tus
límites son tu reto, sobrepasarlos, tu meta; el premio está en el recorrido y
en cada pequeña superación de tus logros pasados.
Lo que
disfrutes contando tus historias, es la única guía; y si alguien lo hiciera
leyéndolas, será señal de que vas por buen camino.
Intenta
que a alguien le surja el deseo de escribir cuando te lea; habrás llegado así a
la espiral interminable de la literatura, que es el gozo de la soledad y la
introspección, y gira en ella, buscando el infinito.

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