martes, 7 de abril de 2020

La hoja roja y la tómbola de Getsemaní



Mi tiempo se deshace bajo mis pies; casi todos los que han dejado huella en mí, van haciendo mutis por el foro.
Me ha abandonado asimismo esa energía extra que cada tanto me invade y me permite hacer una evaluación coherente de este posible Getsemaní diario en que se ha convertido mi azarosa supervivencia.
Debo luchar contra la dispersión y el escaqueo que siempre me lleva allí donde es posible perder el tiempo sin beneficio aparente; ese darle largas al testimonio vital que nadie espera, y es por tanto, un pasatiempo más.  No, no hablo del manido terror a la hoja en blanco; ahora que me ha salido la “hoja roja” en el librillo del: “fumando espero”, la hoja en blanco, soy yo.

Lidiar con la posibilidad de entrar en la recta final sin estorbar mucho; sin hacer el ridículo y no dejar demasiados cabos sueltos, es una responsabilidad para la que nunca entrené seriamente, y por tanto me hallo en la tesitura de convertirme en un ejecutivo cuya única trayectoria previa, fue la de meritorio existencial.

Es como si urgiera dejar un legado espiritual ante la imposibilidad de cualquier otro. ¿Acaso una vocación tardía de trascendencia?; ¿un berrinche de ignoto aprensivo o la traca final de un anonimato ganado a pulso?
¡Tanto da!, he tenido una vida para hacerlo y apenas he dejado algunos trazos. No esperéis: El libro del desasosiego ni La Odisea.

"Uno no tiene porqué comprometerse a más de lo que puede hacer.
Saber rendirse cuando es infructuoso luchar. Reconocer una derrota.
.. .. ...... .. .....
Concederse el perdón, porque nadie más nos lo concede (o nadie se molesta en hacerlo)"

                                                                De: Cuaderno de trabajo, de Ingmar Bergman

viernes, 3 de abril de 2020

El Stradivarius de Ingmar



En un documental sobre la pareja cinematográfica formada por el director sueco: Ingmar Bergman y la bellísima actriz noruega: Liv Ullman, esta se mostraba molesta porque, pese a tener entidad propia gracias a su probado talento, no había entrevista que le hicieran, en la que no le preguntaran por su ex pareja y mentor.
Habiéndole trasladado su enojo al maestro escandinavo, este le dio una respuesta que pudiera parecer presuntuosa, al tiempo que era una síntesis brillante del fenómeno:
–Es que eres el Stradivarius de Ingmar Bergman.
También lo creo así; pese a tener una trayectoria anterior y posterior a sus colaboraciones con el cineasta nórdico, tanto en teatro como en cine, casi todas sus actuaciones de éxito internacional, están ligadas al maestro de Upsala.
Veinte años menor que él, vivió un romance con el gurú del cine europeo, fruto del cual, nació su hija: Linn Ullman; creció asimismo como actriz, hasta alcanzar las más altas cotas de fama y prestigio a través de la decena de colaboraciones entre ambos, en films que han quedado en el parnaso de la poesía visual.
Muerta la pasión, y tras largos períodos de relaciones controvertidas entre ellos, llegaron a forjar una amistad sólida y beneficiosa para los dos, que duraría hasta el fallecimiento de Bergman en el 2007.
En su carrera como directora, llevó a la pantalla algunos guiones de Ingmar, como: Infiel o Encuentros privados, en las que es difícil discernir, dónde empiezan y terminan las influencias mutuas.
Resulta lógica pues la consideración de tándem; aunque a Bergman, no sólo le preguntaran por Liv Ullman, debido a su convulsa vida sentimental.

Fin del recorrido

    Suelo hacer durar mis espacios un año y medio, luego lo cierro; y si me naciera la necesidad de seguir haciéndome exterior, abriría ot...